Gracias y ya no vuelvas

Quisimos saltar y cuando nos dimos cuenta, ya ni supimos cómo levantarnos sin lastimarnos.

Queríamos correr a prisa y por más que trataba de tomar tu mano para no soltarte, terminamos por separarnos. Y esa noche lloré como bebé, porque ya no pude encontrarte de nuevo.

Jurábamos que nuestro amor nos elevaría, que salvaríamos al amor, pero no pude salvarte de ti. Veneramos a un falso Dios y al final terminarnos por estar solos.

Te quise besar, así como las primeras veces que nos conocíamos y nos sentíamos ligeros. Escribirte cartas, cada vez que nos veíamos y hacer falsos juramentos que terminaron por ser cenizas.

Y realmente rompiste mi corazón cuando me dijiste que no era suficiente para ti. Prometiste cuidarme y terminaste por lastimarme. Fuiste la peor versión de ti mismo y me diste mucho asco después. Cancelado estas, me repetía toda la noche mientras trataba de rescatar algo noble de ti.

Luego, soñé contigo y ahí no nos hacíamos daño. Eras la mejor versión de ti, fuiste una leyenda que me daba orgullo contar. Hasta que desperté y pude ver la realidad. Me dió miedo tu fantasma, me dió miedo volverte a llorar, pero más miedo me dió volver a quedarme solo.

¿Hasta cuándo? Me preguntaba otra vez. Le rezaba a la virgen pero ya no me podía escuchar más. Tuve miedo, miedo de quedar en el olvido y ya no quise nada. Me sentí tan avergonzado frente a mis amigos y familiares, todo lo que les conté de ti, ya no vale nada. Tu no vales nada, ya.

¿Cuántas mentiras, que me contabas? Sabía que algo no andaba bien y aún así no quise darme cuenta. Te miro y ya sólo eres un vago recuerdo de alguien a quien pude haber querido.

Y realmente me rompiste el corazón, esa noche cuando decidiste no dejar tu orgullo a un lado. Me diste mucha flojera, los mentirosos terminan por aburrir.

Y te quise llorar una tormenta y ahogarte en mis emociones. Inundarnos juntos en este mar de incredulidad. Dejarte naufragar en mi cuerpo por una última vez. Picarte y dejarte mi veneno, pero hasta para eso, hubieras sido poca cosa. Y no, no me merecías.

Siempre supiste que era mucho para ti. Y yo no volteo a ver a gente indecisa. Y sí, rompiste mi corazón pero me alegro, porque ya no tienes poder sobre mí.

Me preguntaste si iba a regresar contigo. Pero yo no me junto con cobardes…

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