Otro texto sobre sexualidad: ser o no quien realmente eres

Ahí va, un metro con setenta y dos centímetros y una esbelta figura. Su andar
sigue religiosamente el ritmo de una silenciosa melodía tropical. Caderas angostas
y cintura diminuta, pelo negro rizado y rubor en las mejillas; así es Bárbara, o “El
Popis” como es conocida desde pequeña en su localidad.
A sus veintitrés años, Bárbara Juárez sabe perfectamente quién es, una certeza
que no había tenido tiempo atrás. Hace ya tres años que inició su tratamiento
hormonal para ser la mujer que veía en el espejo desde la pubertad.
Septiembre de 1991, Iztapalapa. Nace Rodrigo Juárez, sus padres Pedro Juárez y
Dulce Rodríguez, se encontraban en una situación económica bastante
complicada, por lo cual, se ven obligados a ir a vivir a la casa de Gema, la
hermana de Dulce

Despierta la mujer que en él dormía.

El número dieciocho de la calle Josué Escobedo en la colonia Vicente Guerrero,
es de paredes rosas y fuertes notas de perfume. Dentro de ella vive Gema y sus
dos hijas: Monserrat y Michelle, Sonia, la hermana menor de Dulce y Gema, con
su hija Samanta. Es decir, la joven pareja ha entrado a un poderospo matriarcado.
El pequeño Rodrigo se sentía como pez en el agua rodeado de las mujeres de su
familia, a Bárbara le gusta decir que desde pequeño se sabía una jotita multicolor
amante del aroma de los esmaltes de uñas y la laca usada por su tía Sonia en su
pequeña estética ubicada en el patio de su hogar.
La escuela no representó un problema para Rodrigo, hasta que llegó la
secundaria. Una semana antes de entrar a la Escuela Secundaria Técnica 91,
recibe junto con su familia la noticia de la muerte de su padre en medio de un
tiroteo entre policías y el grupo de amigos con los que se encontraba. Con la
muerte de su esposo, Dulce se vio obligada a trabajar limpiando casas para
mantenerse a ella y a su hijo.
El turno vespertino dentro de la EST 91 era turbio, pesado y exigente, los tres
años fueron complicados de sobrellevar. La relación con sus compañeras era
sencilla, todas compartían los gustos de Rodrigo y él sentía que podía ser quien
quisiera ser, pero los hombres eran otro tema, no paraban de molestarlo y en
tercer grado, un chico lo golpeó sin razón alguna, lo cual significó tres días de
incapacidad y recuperación.

A los dieciséis años la tortura de mirar a un hombre en su reflejo comenzó a ser
más difícil de soportar. Dejó la escuela para aprender la profesión de su tía. Dejó
crecer su cabello hasta los hombros y dejó de comprar ropa masculina. Jeans
ajustados y playeras cortas eran la elección de siempre, lo hacían sentir seguro, lo
hacían sentir libre.

hombre-o-mujer

El presente, la nueva vida.

Bárbara se dedica al estilismo, pone uñas, hace cortes de cabello y ahora se
encuentra estudiando diseño de modas en una pequeña escuela en Iztacalco. Se
dedica de tiempo completo a su trabajo y a su actual pareja, Saúl, un hombre de
treinta años.
—No fue sencillo— platica Bárbara mientras fuma su cigarrillo mentolado. —Ver
mi cuerpo era desagradable, veía a mis primas y pensaba que debía verme igual a
ellas, que incluso yo podría verme más bonita, y pues mírame, soy mucho más
bonita y delgada. —
— ¿Qué ha sido lo mejor de la decisión de empezar tu transición? —
—Todo, soy una mujer hermosa, poderosa y muy perra. Los hombres me siguen
todo el tiempo, el trabajo no me falta pues mis clientas dicen que tengo buen gusto
y me cuentan de su vida. La sensación de ser alguien que no eres es feo, jamás
quiero sentirme así. —
—Y en contraste a esto, ¿Qué fue lo más difícil? —
—La aceptación del mundo, mi familia sabía perfectamente lo que yo soy, no les
molesta, es más, les encanta que seamos pura vieja en la casa, pero el mundo es
culero, las personas no tienen educación para tratar con lo diferente. Es bien
chistoso, las familias y grupos religiosos me tachan de anormal, pero no sabes
cuantas propuestas sexuales he tenido de sus esposos, pastores y curas. Vivimos
en un país doble moral. —

Feer Barrera

Comunicador, fotógrafo, LGBT+. En constante búsqueda de la belleza para poder capturarla en luz o tinta.

Deja un comentario