Opinión

Carta a ti. (parte 2)

Enlace a primera parte: Carta a ti. (parte 1)


No fue sencillo comenzar a actuar diferente contigo. Es decir, si, había deseado con todo mi corazón tenerte de este modo, pero cuando fue así… ¡era imposible para mi no ponerme nerviosa!
Creo que incluso te envidiaba lo
fácil que podías acercarte a mi y tocarme. Me inquietaba y a la vez me causaba gran ansiedad que fueras tú quien tenia siempre la iniciativa en ese aspecto. Recuerdo la noche de nuestra primera vez tan claramente aun. Tus papás no iban a estar en casa hasta el día siguiente, y aprovechamos cada momento que tuvimos para estar juntas. Repasé ese escenario mil y un veces en mi mente, y jamás pude anticipar que la realidad terminó siendo aun mejor que los más hermosos de mis sueños. Quizás porque estar contigo era justo eso: el sueño más grande hecho realidad para mi.

En retrospectiva esa asertividad tuya que tanto me encantaba era porque, a diferencia de mi, tenias presente a todo momento que no podíamos estar mucho tiempo juntas, o al menos no de un modo que no fuera sospechoso, y siempre supe que tú eras quien corría mas riesgo si alguien más supiera de nuestro secreto.

No niego que todavía en la actualidad es impensable para mi ser honesta con mi abuela. Sé como se refiere ella a personas como yo. No podría llamarlo realmente “odio”, creo que más bien tiene que ver con lástima, no podría soportar que ella me viera con esos ojos.
En tu caso si fue peor: tu papá siempre me aterró, incluso cuando
llevábamos poco tiempo de ser amigas me lo presentaste por primera vez te lo dije, y tu respuesta me hizo ver que en cierto modo tú también le temías. Sé cómo tú papá trató a tu hermano cuando tuvo el valor de salir del closet frente a él. Y también se cómo lo golpeó hasta casi mandarlo al hospital, para después hacer todo el esfuerzo posible por fingir que nunca tuvo un hijo.

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Después de que entramos a la universidad nos prometimos que haríamos todo lo posible para que la distancia no nos separara, y por mucho tiempo fue así.

Hasta que tu mamá nos descubrió.

Lo supe desde un principio, si alguien iba a arruinarlo iba a ser yo. Siempre te decía que gemía muy fuerte, pero me respondías todo el tiempo que lo hiciera, unicamente porque te prendía más.
Recuerdo ese momento casi tanto como nuestro primer contacto, solo que en lugar de dicha y esperanza, la vergüenza y el miedo se apoderaron de mi.
La única que se quedó más catatónica que yo fue tu mamá. Y no era para menos, a fin de cuentas ella siempre me trató con tanta amabilidad y gentileza, que creo que al final siento que no solo traicioné tu confianza, sino también la de ella.

Hiciste todo lo posible las siguientes semanas por mantener el secreto, pero creo que fue inevitable el resultado. Cuando tu papá se enteró gritó tan fuerte que estoy segura que yo recibí parte de ese odio de manera telepática.

Ha pasado un año desde que dejaste de insistir en buscarme, de que respetaste mi decisión de que no vinieras siquiera a mi casa porque no podía lidiar con todo esto teniendo a mi abuela de frente, pero sigo viviendo a diario con esa culpa que me ciega, y no dejo de pensar en ti a cada momento. Intenté primero resolverlo a mi manera, pero inmediatamente me di cuenta que ya era muy tarde, ya no vivías con tus papás tampoco.

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No puedo decir que no he estado al tanto de ti, porque seria  una gran mentira, sin embargo hay tantas razones por las que tú ya no querrías saber nada de mi: Porque fue mi culpa que tus padres se enteraran, porque no luché por nosotras como debí, porque escondí mi cabeza cual tortuga asustada, porque al parecer nunca aprendí en realidad de todas las cosas que me enseñaste, pero lo peor es la idea que me carcome por dentro todo el tiempo: Que ya no me ames, y que creas que yo ya no te amo.

La incertidumbre ha llegado a su limite, y es necesario que te vea de nuevo, que te tenga de frente para que sepas que a lo único que le temo más que enfrentar las consecuencias de mis actos, es a una vida en donde tú no estés presente.

Entenderé si no recibo respuesta tuya, creo que estás en todo derecho de odiarme, y no te culpo. He descubierto que no puedo implorar que vuelvas a amarme como lo hiciste antes, pero si no quieres volver a saber de mi, quiero grabar en mi corazón tu rostro por una ultima vez, aunque los ojos con los que ahora me veas sean de desprecio.

No es momento para mi aun de saberlo, pero puede que todo esto no sea más que el regreso a mi realidad, y que toda esa felicidad que sentí haya sido realmente un enorme y hermoso sueño, que toda esa franqueza y amor que me brindaste fue solo una ilusión, una realidad alterna que mi mente inventó en el momento que me rechazaste y dejaste de ser mi amiga, no me atrevo a abrir los ojos y descubrir que ese es el verdadero mundo en el que vivo, y que todo lo que había creado contigo no fue más que un espejismo para evadir la verdad.

Demuéstrame por favor que no fue así, te lo ruego.

 

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