No sé

–Hola, sé que es tarde y quizá ya duermas. Quizá ya estés acostado con alguien más. A lo mejor besaste los labios de otro y entre tanta cerveza y música llegaste a olvidarme.

No sé si hoy pensaste en mi así como yo en ti. Quizá y por un acto de alta fe entre tanto bullicio pudiste ver la imagen de lo que solíamos ser.

No sé si cuando tomaste el metro, te fuiste al vagón de siempre y compraste unas galletas, que venden los señores de dos por diez y de pronto te acordaste, que antes las compartíamos.

Cuando nos vimos por primera vez en Bellas Artes y ahí caminamos por la alameda. Que nos conocimos por grindr y pensamos que solo íbamos a coger y ya. Pero después en tu departamento ahí por República de cuba, a unas cuadras del marra, nos acostamos y desnudos nos vimos, y aunque teníamos el lívido en lo alto, preferimos dormir abrazados porque ambos estábamos desvelados.

No sé si también, cuando pasaste por la Cineteca te pudiste acordar cuando fuimos a ver una película de arte que ni entendimos. Que solo esperábamos el momento de regresar a cama y poder besarnos hasta cansarnos.

Me pregunto si con tu nuevo ligue ya inventaste una historia de cómo se conocieron, como la que ideamos los dos cuando me presentaste a tus amigos.

Inventamos que nos habíamos conocido en una exposición de arte, súper pretensiosos que sonamos, pero nos pareció de película y quisimos arriesgarnos. Que nadie nos creyó y al final terminamos diciendo que habíamos hecho match y después nos buscamos solo para coger.

Ojalá pudiéramos regresar el tiempo y ver que fue lo que hicimos mal. Que, a pesar de que nos dejamos a tiempo, yo aún te guardo muy dentro. No sé si aún conserves las cartas que te hice y la playera de David Bowie que tanto me pediste.

Aún recuerdo cuando bailábamos y juntos brillábamos súper alto. Nos miraban bailar disco en el Patrick Miller, y cuando se armaban las retas, nadie podía con tanta destreza.

Que ahora qué pasó por la churrería de la Álvaro Obregón, hasta malos recuerdos me trae porque ese lugar era solo tuyo y mío. Y ni me quiero imaginar que ahora ya le pertenece ese asiento a alguien más.

No sé si ahora que ya no estamos juntos hagas las mismas cosas con alguien más. Pero pues tu cuarto siempre tendrá algo mío. Y nuestra piel nunca podrá olvidar lo que una vez fuimos.

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