Las malas costumbres

Fotografía: Rock Shop

El pasado domingo 21 de octubre se llevó a cabo la Procesión de las Catrinas en la CDMX, y gracias a la invitación de un buen amigo, tuve la oportunidad de participar y ayudar un poco con la organización de un contingente que llevó por nombre «Exóticas».

Por la noche de ese día, con el dolor que provocan los tacones, esperaba de pie las instrucciones del staff para poder iniciar el desfile hacia Bellas Artes.

A mi lado, Roxanna Blast, una Drag Queen personificada por una mujer cisgénero, a quien tengo el placer de llamar amiga. Una vez iniciado nuestro camino, mientras vestía fabulosamente un vestido negro atascado con mariposas de plástico y una rizada peluca naranja, me dispuse a disfrutar de los halagos de la gente…

«¡Qué bonita!», «¡Mira mamá, esa catrina está bonita!», «¡Guapa!», etc, etc, etc. Realmente me sentía muy bien al notar que al público le había gustado mi caracterización, me sentí feliz de que muchas personas pudieran verme en drag y además de todo, fuera de su agrado. Recibí la validación que buscaba.

Chiflidos por todos lados, más y más piropos por parte del público, especialmente por aquellos del género masculino. De pronto, un silbido fuerte llamó mi atención y agradecí en voz alta la muestra de aprobación lanzada al aire. Roxanna reaccionó de manera muy distinta ante esta acción: —Eso es violencia. No perpetúes el acoso, bebé— comentó con una sonrisa entre sus labios.

Me quedé en silencio un par de minutos, no había entendido algo muy importante, esos silbidos no eran precisamente un halago, al menos no para alguien como Rox, quien día a día debe enfrentarse a este tipo de acciones tan incómodas e irrespetuosas hacia su persona.

Después de esto, pude notar la intención detrás de los piropos. Algunos, la mayoría por fortuna, eran sinceros, algunos más fueron inspirados desde el morbo de sabernos hombres con peluca, y algunos más podrían bien ser tomados como burla.IMG_20181022_221210_605.jpg

Otro detalle que pude percibir fue como la televisión y el resto de los medios masivos de comunicación sí influyen en la opinión pública. Muchas de las personas con las que crucé palabras durante la procesión me hablaban con el tono cliché de hombre homosexual, ya sabes, de esa forma muy «jota».

Pensé: ¡claro que van a hablarnos así! están confirmando sus ideas erróneas, para ellos, todo gay quiere ser mujer, y por eso creen que para estar «en onda» con nosotros, deben de comunicarse en «nuestro lenguaje».

Las malas costumbres y los estereotipos arraigados a nuestra sociedad son fuertes, se niegan a morir y existen personas, como yo, que ayudan a mantenerlos. Afortunadamente hay personas mejor y más informadas que nos ayudan a salir del fango de la ignorancia. Lamentablemente hay muchas personas que se niegan a aprender.

Toca seguir en la lucha de educar a las personas que nos rodean, cada individuo al que logramos llenar con un poco de conocimiento es una esperanza para un mundo más incluyente y respetuoso.

Feer Barrera

Comunicador, fotógrafo, LGBT+. En constante búsqueda de la belleza para poder capturarla en luz o tinta.

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