#NarrativaMágica

Otoño

Estábamos por besarnos, cuando te susurré al oído que está era por mucho, la mejor noche de mi vida.

(…) Estábamos por besarnos, cuando te susurré al oído que esta era por mucho, la mejor noche de mi vida.

Otoño había llegado y con ello la sensación de nostalgia de un año por acabarse. El verano nos había dejado agotados, y ahora nos sentíamos arropados por este calor otoñal.

Salíamos de noche a bailar y las piernas nos temblaban de tanto que brincábamos. El sudor de nuestro cuerpo se fusionaba con la saliva cuando nos besábamos.

Nunca me había sentido tan feliz, estando en los brazos de alguien. Otoño llegó y era todo un milagro. Las noches eran un poco frías y húmedas, me gustaba poder empezar a usar mi ropa para invierno y poder estar en cama contigo con el pretexto de estar resguardándonos de las bajas temperaturas.

Otoño llegó y también mi cumpleaños. Las lunas de octubre siempre son las más hermosas. Te dije, recuerdo, que verlas contigo era todo un suceso.

El amor nos entraba hasta las venas, y sentía como nos iba conquistando cada célula. Recuerdo bien que a veces llegabas y me decías que me desnudara.

Me quitaba la ropa y te dejaba ver mi sexo, me quitaba mis tabúes y pretensiones y ahí estaba vulnerable, pero sabes , te dije en ese momento, que nunca me había sentido tan cómodo estando vulnerable con nadie más que contigo.

Otoño llegaba depurando todo lo que el verano y la primavera nos habían robado. Y ahora nos sentíamos emocionados de disfrazarnos y pasar las festividades restantes, unidos.

Y después también te pedía que te despojaras de todo. Y así lo hacías, nos sentábamos mientras la música sonaba, y así nos veíamos desnudos, explorábamos cada rincón posible de nuestros cuerpos. Jugábamos a no conocernos y a descubrirnos cada noche. Y todo estaba bien, en esta estación del año, donde el amor nos elevaba como globos aerostáticos.

Cuando peleábamos, recordábamos que juntos éramos mejores seres humanos y todos nuestros caprichos se nos pasaban. Te miraba a los ojos que tenías de un café intenso y me perdía en ellos.

Te dije, varias veces, que cuando me tocabas y besabas, sentía como si me estuvieras arreglando. Que como una pintura, intervenías en mi y me hacías más hermoso de lo que ya era.

Estábamos agradecidos de que otoño había llegado.

Y fue así cuando te dije, recuerdo, temeroso a lo que podrías pensar. Confesé (…)

Por: Francisco Hdez. Verdiguel.

Imagen vía: tumblr.

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