Todos ya apestamos desde antes de los 30

El miércoles pasado el Internet (sobre todo el de los gays) se sacudió con una nota publicada por el periódico El País, titulada «El olor a anciano empieza a gestarse en nuestro cuerpo a partir de los 30 años», ¿pues qué creen? todos ya apestamos desde antes.

La nota se viralizó en cuestión de minutos y durante el fin de semana los memes y comentarios sarcásticos no dejaron de salir por todos lados, sin embargo me consta que nadie se tomó dos minutos para leer la nota, pues evidentemente estaba construida para promocionar una fragancia, más que para ponernos en alerta.

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A raíz de este fenómeno, me llamó particularmente a atención el hecho de que las personas siempre nos preocupemos más por dar una imagen positiva, aunque por dentro seamos unas mierdas secas, supongo que es más conveniente lucir bien, que de hecho ser una buena persona.

Se dice que el mexicano es experto en ponerle el pie a otro mexicano, pero si eres miembro de la comunidad LGBTI+, es aún peor. Desde las burlas, los insultos, acoso cibernético, difamación, o hasta la gatada de «bajarle el marido», sólo porque te cae mal, existen muchos comportamientos que hacen que apestes, sin necesidad de oler mal.

No me doy golpes de pecho ni nada por el estilo, me he descubierto muchas veces siendo una perra, pero en mi experiencia personal (y analizando la conducta de mis contemporáneos), pasados los 30 años algunas personas queremos dejar de apestar y comenzamos a evitar conductas que denigren a otros.

Aunque muchas veces en el pasado, y algunas pocas en el presente, he sido parte de ello, últimamente me cuestiono la responsabilidad que cada persona de la comunidad LGBTI+ tiene para evitar la discriminación, crímenes de odio y violencia que en los albores del siglo XXI aún recaen sobre nosotros.

Se que el discurso parezca trillado y repetitivo, pero es muy real que primero debemos erradicar la violencia y discriminación que ejercemos sobre los nuestros, ya sea la familia, pareja, amigos o los demás miembros de nuestra comunidad, y lo digo para cualquier contexto, porque cómo bien sugiere otro columnista de este medio de comunicación, hay una línea muy delgada entre lo que es amistoso y lo que ya es un insulto. Hay qué saber cómo, cuándo, dónde, por qué y a quién.

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Me parece perfecto que nos preocupemos por no oler a viejito luego de los 30 años  a causa del 2-nonenal, sin embargo me parece que primero deberíamos pensar en no apestar siendo jóvenes con nuestra actitud de mierda, ¿no creen?

 

Ulises Rodríguez

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