#NarrativaMágica

Amor moderno

Cuando todo acababa nos vestíamos teníamos la sensación de ser completos extraños.

Salimos tres veces. Nuestras pláticas siempre eran acerca de nuestros amores fugaces, de las malas rachas con nuestros ex novios y de deseos que teníamos en un futuro.

Llegaba por la tarde a mi casa y para esto ya tenía preparado un doce de cerveza enfriando en el refrigerador. El clima en esas fechas era nublado y con una brisa que mojaba y te daba la sensación de frescura en la cara.

Llegaba agitado, sudado y con olor a tabaco. Su mirada se posaba en mi y cuando entraba a casa nos besábamos con tanto fervor, que hasta la ropa nos estorbaba.

Él era un poco más alto que yo, su piel morena y su olor corporal era algo que siempre me gustaba cuando estábamos juntos. Le regalaba una cerveza y brindábamos por un día más juntos. No éramos nada en particular, nunca salía a flote la palabra ‘exclusividad’, nos dejábamos llevar por la circunstancias y jugábamos a ser niños en un mundo lleno de adultos capitalistas.

Cuando se abalanzaba hacia mi, yo ya estaba listo para recibirlo en mis brazos. Me quitaba el pantalón y también la playera. Me dejaba en calzones y así se quedaba observándome un buen rato. Acariciaba mis pies y piernas, mientras yo las recargaba en su entrepierna. Me sentaba en él y lo besaba; acariciaba su pelo que era negro con alguna que otra cana. Las cervezas ya nos habían hecho efecto. Pero no teníamos miedo de lo que podría pasar. El sexo era nuestra mejor manera para comunicarnos.

Se desnudaba ante mi, y su cuerpo era como una pintura en óleo. Sus brazos, sus piernas, sus manos, su pene y testículos me invitaban a tocarlo.

Me pedía que me desnudara, y yo, le pedía que en mi cuerpo habitara. Que dejara en mi su legado, con un beso, con un abrazo.

Nos reíamos, nos besábamos; abrazábamos el momento de estar juntos. Nuestra sangre hervía y sus caricias me quemaban. Sus besos me presentaban sensaciones inesperadas.

Nunca me atrevía a decirle que se quedara…

Así era como bailábamos, gritábamos, saltábamos por todos lados y por tontos, también callábamos aquellas cosas que con palabras no éramos tan valientes de confesarnos.

Cuando todo terminaba nos vestíamos y teníamos una sensación de ser completos extraños.

Me besaba una última vez, me abrazaba, se iba pero seguía habitando en mi. Yo en mis adentros me preguntaba que parte no entendía cuando en besos le confesaba que se quedara.

escrito por: Francisco Hdez Verdiguel.

Ilustración: irenelemusv

Un comentario

  1. He leído ya varios artículos o pequeños cuentos del Gatopoeta y me parecen realmente fantásticos.
    Hoy en día las personas casi no leen, pero el estilo del Gatopoeta es muy natural, mágico, fresco y me parece inspirador para cualquier lector.
    Muchas Felicidades GatoPoeta espero y triunfes. Nunca dejes de escribir con el corazón.
    A mis amigos, familia y a mi nos encanta.

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