Opinión

Siempre Juntos (Parte 1)

Todo indicaba que aquel sería un día normal pero la verdad es que uno nunca sabe lo que sucederá.

Por: Arturo De La Cruz

En memoria de Mario Gálvez Melo quien en vida fuera gran amigo y ser humano y al que le debo mucho haber vuelto a escribir.

2 de noviembre de 2014. Todo indicaba que aquel sería un día normal  como cualquier otro, es verdad que uno nunca  sabe lo que sucederá aun y cuando se intente tener  control sobre nuestra vida es casi imposible tener al  menos una idea de lo que sucederá en el futuro aun y  cuando este casi esté por pisarnos los talones .

Faltaban solo cinco minutos para que sonara el timbre que indicaría el  fin de las clases por ese día y mi mente ya estaba fuera del salón de clases  lo único que deseaba era llegar a casa y acostarme en el sofá de la sala para descansar un momento o tal vez tomar una siesta que se prolongará de manera indefinida después de todo no tenía muchas obligaciones por ser viernes, casi sin darme cuenta mis compañeros comenzaron a abandonar el aula y de un salto me levanté del asiento y recogí mis cosas apresurado baje las escaleras sin tomar en cuenta el barandal metálico que lucía más desgastado que de costumbre o tal vez era una figuración mía ocasionada por el cansancio propio del fin de semana Salí a toda prisa del colegio dispuesto a abordar mi autobús cuando sin previo aviso mis intenciones se vieron frustradas por un grupo de muchachos se interpusieron en mi camino para evitarme el paso  de momento no los reconocí solo a uno que era mi compañero de clases con el cual por cierto no llevaba buena relación y reciente mente habíamos tenido una riña que no llegó a consumarse por la oportuna intervención de uno de los maestros del colegio y que evidentemente él estaba ahí para dar fin a esta y no precisamente dialogando sin más se paró frente a mí y comenzó a insultarme a lo cual no respondí ni una palabra no tenía ánimos para pelear así que me concrete a escuchar pacientemente esperando que esto disminuyera su ira, pero no fue así y comenzó a empujarme para incitar a pelear.

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Mi cabeza comenzó a girar y casi sin pensar me fui sobre él a golpes, saque fuerzas de mi coraje y no me detuve hasta verlo en el suelo sometido a mi impetuosa respuesta, de pronto escuche una vos que me resultó familiar, me incorporé como pude para identificar de quién era que se trataba, en efecto era alguien que conocía era mi hermano menor el cual acababa de salir también del colegio y pasaba por ahí para regresar juntos a casa, intente persuadirlo de que se fuera de ahí pero fue inútil uno de los acompañantes de mi agresor tomó por el cuello a mi hermano para obligarme a dejar libre a su amigo, sin pensarlo dos veces lo solté pero no fue así con mi hermano  el tipo que lo sujetaba del cuello al verse amenazado comenzó a golpearlo sin razón alguna, la sangre se agolpo en mi rostro no podía soportar el presenciar esa escena y no hacer nada nuevamente casi por instinto me fui sobre el que agredía a mi hermano esta vez la pelea fue más allá de lo que yo mismo esperaba, comencé a golpearlo de tal modo que por un momento parecía no haber nada más a mi alrededor que él y yo incluso el dolor no me afligía en ese instante, de pronto tropecé no se conque y caímos al suelo, lentamente un intenso dolor invadió mi tobillo izquierdo tal vez estaba roto pensé pero aun así no me detuve hasta ver que mi hermano se fuera de ahí sano y salvo cuando me di cuenta de lo que sucedía me encontraba en el suelo sobre mi agresor a media calle  la gente que pasaba por ahí no se atrevía a detener aquella pelea debido al evidente peligro que implicaba la circulación de los autos que aunque cautelosos de no herirnos no desviaban su camino, valiente entre la multitud una mano me ayudó a ponerme en pie el percatarse de la lesión en mi tobillo, como pude me incorpore y tras de mí se incorporo mi contrincante nos vimos a los ojos que aun expedían ira, me di media vuelta tome mis cosas que sorprendentemente yacían intactas en el suelo y en un tremendo esfuerzo aborde mi autobús los chicos que iban a bordo me miraban desconcertados lo cual me incomodo un poco sosteniéndome de los tubos para no caerme llegue a la parte trasera del autobús y me senté en uno de los asientos individuales que estaba desocupado, el dolor en mi tobillo era cada vez más grande, un  sentimiento extraño me invadió de pronto al oír rebotar en mi mente la frase “debería estar muerto” una y otra vez como si tratara de convencerme a mí mismo de que lo único que deseaba en ese momento era la muerte misma y que la oferta de tomar mi vida estaba abierta para cualquiera que la quisiese tomar.

La ira me invadía y corría por mi sangre como un ávido veneno cuyo efecto fulminante comenzaba a entorpecer mis sentidos, eché una mirada a mi alrededor para percatarme de quien me rodeaba, y extrañado me encontré con una de esas clásicas escenas de celos entre un par de adolescentes de tal vez unos quince años, la chica no dejaba de llorar mientras el chico le recriminaba el haber sonreído a un muchacho por la ventanilla del autobús, de pronto la muchacha salió corriendo del autobús y el chico tras ella.

Mire de nuevo a mi alrededor intentando reconocer a alguien pero solo encontré desconocidos, fue cuando volví la cabeza para enderezarme en el asiento que una mirada llamó mi atención se trataba de un chico de  unos diez y ocho años de piel blanca y ojos castaños que intrigado me

miraba y al percatarse de que yo también lo hacía esbozó una amable sonrisa e intercambio un par de palabras con su acompañante una chica de la misma edad de cabellera larga y oscura de tez morena y gesto afable. Los dos me miraban como intentando descifrar el misterio tras aquel rostro de dolor que ya me era imposible ocultar, la chica se aproximó a mí y sonriendo me dijo –hola-.

Hola respondí,

-¿Puedo ayudarte en algo?- respondió. Y no pude evitar relatarle mi infortunado accidente producto de la riña, ella insistió en revisar mi tobillo para determinar la gravedad de la lesión a lo cual accedí lentamente me ayudó a incorporar para trasladarme a la fila de asientos en la cual se encontraba su tímido acompañante que no pronunció ni un palabra mientras la inspección, con mucho cuidado descubrió mi pie y comenzó a palpar con sus dedos para determinar el daño – está fracturado – dijo después de un breve tiempo – deben inmovilizarlo lo antes posible-

-Tal vez mis hermanas puedan hacerlo- dijo tímido el muchacho  que me miraba con reserva, la chica asintió con la cabeza mientras me miraba, – que sea así entonces pero que sea pronto- respondí, la chica se apresuró a colocar el zapato de nuevo y entre los dos me ayudaron a levantarme y a bajar del autobús, nos aproximamos a una elegante puerta de madera que lucía un exquisito tallado a mano, el chico tiró de un cordón de color dorado que hizo sonar una campana mientras la chica después de desearme suerte se alejó a toda prisa.

Una mujer de rasgos orientales ataviada con hermoso vestido negro bordado en dorado apareció tras la puerta el chico intercambio un par de palabras en un idioma que tal vez sería japonés, y la mujer se apresuró a abrir la puerta, una vez dentro me encontré con una hermosa habitación decorada al estilo oriental, en su totalidad, la suave luz de las lámparas esféricas resaltando los colores rojo y dorado que le conferían un  toque inusual.

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Pronto me ayudó a sentarme en un cómodo sofá de lo que parecía ser la estancia, en menos de dos minutos descendieron por las escaleras  de la habitación un par de jovencitas que también poseían rasgos orientales hermosamente ataviadas de azul y rosa una de ellas llevaba una bandeja de agua tibia y toallas y la otra vendas y un frasco de ungüento, tal perecía que habían estado esperándome, sin decir una sola palabra se arrodillaron frente a mí para descalzarme después una de ellas lavo y seco mi pie, poco después la otra aplicó el ungüento y puso una toalla en mi boca, el momento doloroso estaba por llegar tomo mi pierna por sobre el tobillo y con la otra mano bajo mi pie por el empeine un leve tronido indico el fin del dolor con mucho cuidado colocó la venda para inmovilizar mi tobillo, colocó una almohada bajo mi pie y se retiraron nuevamente a la parte superior de la casa el chico se acercó a mí con una frazada y una vez más sonriendo como aquella vez en el autobús me cubrió y me pidió que descansara, no sé en qué momento me quede dormido, unas horas después cuando abrí los ojos me encontré de nuevo con  la tierna mirada de aquel chico que tan amablemente me había atendido – es hora de comer- dijo me tomó de la mano y pasó su brazo por debajo del mí para ayudarme a ponerme de pie, me llevo a una aún más hermosa habitación la cual parecía ser el comedor, la hermosa y espaciosa mesa de madera me hizo sentir como cuando pequeño me sentaba junto a abuela y mis tíos en la grande y espaciosa mesa a la hora de la comida me sentó en uno de los extremos de la mesa que ya estaba lista para que se sentaran los demás a disfrutar de los alimentos, en silencio se aproximó a extremo contrario de la mesa un hombre, de edad mayor que lucía un elegante traje rojo satinado su larga y blanca cabellera y sus pequeños anteojos le hacían parecer un gran sabio, poco después tomaron su lugar en la mesa sus dos hermanas y su madre y por último el al lado mío, sin duda era una familia excepcional, además de fuera de lo común jamás creí que una familia tan interesante pudiera vivir tan cerca de mi vecindario y jamás haberme dado cuenta, en una calma absoluta disfrute de los alimentos que amablemente me ofrecieron tratando de ser sumamente respetuoso a la mesa, de vez en cuando intercambiaban diálogo entre ellos pocas veces en español casi en su mayoría en japonés por lo que no entendía lo que expresaban, pero parecía ser algo importante.

Una vez que terminaron cada uno sus alimentos se fueron retirando de la mesa solo quedamos él y yo en la habitación, -espero que te sientas mejor- dijo mientras me tomaba de la mano acción que provocó que mi piel se erizase , una persona capaz de transmitir sensaciones tan repentinas no debería ser alguien común tal vez se trataba de alguien diferente a lo que conocía, me miro nuevamente con aquel gesto antes me había producido esa extraña sensación y sin darme cuenta me aproximé a él para besarle, justo en ese momento casi inadvertido entró su padre en la habitación, – ya sería en otro momento -, pensé.

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