#NarrativaMágica

Diego

Si siento algo por ti, es algo superficial. Le decía sin piedad.

Diego se escabulló entre sus sábanas, le quitó la ropa y pudo sentir su vello rozar su piel. Se sentía como una rosa, en momentos suave, pero al llegar al tallo sentía las espinas cortarle…

Diego era mayor que él, tendría unos treinta años y Jaime unos veintiuno. Muchos dirían que Diego se aprovechaba de él, y sólo jugaba con sus sentimientos. Pues parte de eso no era del todo mentira. Si bien, no era ilegal su relación, si había cierta desventaja por parte de Jaime. Su falta de experiencia, su intensidad desbordante y su libido que se encontraba en una cúspide constante eran factores que bien podrían no favorecerle tanto.

Ellos dos se conocieron por medio de una aplicación en internet, nada nuevo sinceramente. Se vieron en una plaza y después de un café algo insípido y ese frenesí sexual que ambos sentían, decidieron por irse a algún hotel cercano.

Cuando se besaron hubo fuego por toda la habitación. Un momento de gran placer pero también de incertidumbre. Vaya que se quemaron en ese momento de alta pasión. Jaime sentía que algo en él se perdía conforme Diego avanzaba precipitado por todo su cuerpo. Por otro lado Diego sentía que la vida le volvía.

Que vueltas que da la vida, se repetía Diego en su cabeza, cuando se encontraba en la soledad de su habitación. Pensaba que era inusual que sus sentimientos por Jaime fueran en aumento después de los encuentros que habían tenido en el pasado donde el sexo era su constante.

Cuando dormía soñaba con un Jaime etéreo, inalcanzable. Bien podría verlo como un ángel. Entre más se acercaba más podía ver el milagro que era que estuviera en su vida. De pronto se despertaba agitado y angustiado; nunca nadie le había causado estas sensaciones. Diego se preguntaba si estaba enamorado o enfermo.

Al no dejar de pensar en él, llegaba a la conclusión que tenía emociones más allá del sexo con Jaime.

Sin embargo y sin que tuviera la menor idea, Jaime no veía en él un futuro serio. Claro que se entregaban placer, pero Diego no sabía que Jaime tenía un gran vacío en su ser. Al momento de tener sexo siempre apreciaba que este joven llevaba en su mirada un desdeñó de soledad y tristeza. Jamás pudo comprenderlo y aunque al principio no le interesaba, ahora estaba entre sus planes tratar de conquistarlo.

Jaime nunca accedió, y se podría decir que a Diego lo alcanzó su propio karma. Nunca pensó que él sería a quien estaban usando.

Varias veces intento a toda costa llegar a su corazón. Quiso ser la rosa que decorará su inmaduro corazón. Jaime jamás se interesó. Él llevaba gran rato combatiendo una batalla interna que no podía resolver.

—Si siento algo por ti, es algo superficial. Le decía sin piedad. Un día sin más Jaime dejó de responder. Desapareció y después de unos meses Diego lo cazó con su mirada en la misma plaza de su primer encuentro, agarrado y desbordando felicidad de la mano de otro hombre.

Por: Francisco Hdez. Verdiguel.

Ilustrado por: @irenelemusv

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