Hombres

En la calle éramos totales desconocidos. No nos mirábamos, no nos acercábamos, ni siquiera nos dirigíamos la palabra.

Cuando llegábamos al trabajo nos dedicábamos a nuestras labores. Casi no nos veíamos en todo el día. Y cuando era la hora de la comida yo estaba con mis compañeros y tu alejado y solitario.

Nadie hablaba por suerte. Bien recuerdo que mis padres nos decían que mantuviéramos un perfil bajo, que la gente era mala y si se llegaran a enterar de algo seguramente pronto estaríamos desempleados, y en estos tiempos eso sería una verdadera tragedia.

Así pasaban nuestros días, deseándonos en secreto, buscando la manera de amarte sin ser visto. De acelerar el tiempo para llegar a casa y sentirme seguro en tus brazos.

Pero somos dos hombres, que se aman y en este mundo, en este tiempo, sigue habiendo un sinfín de actos de odio.

Y es cuando llegamos a casa que me desnudas, nos besamos con tanto furor y también con mucho resentimiento, pero no por nosotros, sino por esta vida tan injusta.

Nos refugiamos en estas paredes que guardan tantos secretos y temores. Me da miedo que te vayas de casa y no regreses. Que alguien te mate o te insulte.

Nos escondemos por miedo, pero aquí en casa somos reyes, que a nada temen. Soy un hombre que ama a otro hombre y poco me importa eso.

Te toco tu pecho, saboreo tus labios, recorres mi cuerpo y mi vida ya no se siente vacía. Quisiera estar aquí toda la vida. Aquí no pasará nada. Aquí la gente no nos verá con asco y con odio.

Aquí puedo amarte sin miedo. Me dan ganas de llorar y una gran impotencia se apodera de mi. Me dices que me calme, que no esta mal amarnos. Mi corazón tranquilizas mientras me conquistas.

Conquistas mi piel, mis huesos, mis entrañas, mis células. Eres la divinidad que tanto cuido y atesoro.

Allá afuera el mal trabaja de muchas maneras. Pero tú siempre has sido aquel que me cuida.

La noche cae de forma rápida. Deseo muy dentro de mi que no sea de mañana para tener que volver a desconocerte. Quedamos en que teníamos que ser fuertes.

Así me duermo entre tus brazos. Esperanzado que algún día nuestro amor no sea perseguido ni juzgado. Que la libertad nos alcanzará donde quiera que vayamos.

Escrito por: Francisco Hernández Verdiguel.

Ilustración: @irenelemusv

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