Robos, golpes e impunidad en lugares LGBTI+ en la CDMX

¿Cuándo fue la última vez que te sentiste inseguro en alguno de los espacios que se supone están pensados para la comunidad LGBTI+? Ya sé, es muy triste que estos espacios sean mayormente bares, antros y fiestas, pero es más triste que ni siquiera ahí te puedas sentir cobijado.

Hace un par de días acudí con un amigo a una misa en honor a otro amigo recientemente fallecido, luego de eso decidimos ir por un trago para sacudirnos todo lo que estaba ocurriendo. A la hora de pagar, ¡sorpresa!, la mesera quería cobrarnos de más. La ingenua creyó que habíamos bebido lo suficiente como para dudar de sus cuentas. Pobre mujer. Obviamente salimos de allí con nuestros bolsillos intactos y solamente escuché a la mujer susurrar “pinches jotos”. Esa experiencia me puso a pensar en todos los atropellos que vivimos como comunidad en estos espacios.

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El asunto no se reduce a las cuentas fantasma, todo tipo de agresiones vivimos la comunidad LGBTI+ en los lugares que se supone están diseñados para nosotros: ya sean robo de nuestras pertenencias, bebidas adulteradas, coca rebajada, personal de seguridad que recurre a los golpes y la intimidación, y un sin fin de etcéteras, cada fin de semana escucho historias de terror en torno a la comunidad LGBTI+ de la CDMX.

Y la discriminación se hace extensiva a las calles y los servidores públicos: policías que terminan extorsionando, agentes del ministerio público que califican cualquier denuncia como “pleitos de borrachos”, “crimen pasional”, o que “se pelearon por el hombre”, por decir lo menos,. Hay casos en los que alguien acaba encerrado ya que “seguro se estaba prostituyendo” o “estaba drogado”, pues la comunidad LGBTI+ no somos considerados ciudadanos de primera, aún vivimos en la sombra, una sombra pintada de colores y luces.

En este punto recalco que no se puede generalizar, pues muchos lugares son plenos para el disfrute de la comunidad y nuestros aliados, sin embargo hay casos que no se conocen y no se castigan debido a que continuamos como una minoría amenazada y perseguida.

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Sí, ahora podemos casarnos, adoptar y darle seguro social a nuestras parejas, sin embargo el mito de “ciudad incluyente” se reduce a que hay más espacios donde gastar nuestro dinero y a que las figuras políticas se tomen fotografías con la bandera arcoíris.

¿Qué debemos hacer para sentirnos realmente seguros no sólo en los espacios diversos, sino en cualquier lugar de la ciudad, del país, del mundo?

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