Con Tinta Rosa

¡Este cuerpo no debería ser mío!

La sociedad dicta normas del deber ser. Medios de comunicación y marcas a nivel mundial parecen sólo aceptar cuerpos delgados y blancos. ¿Está bien buscar ser como ellos quieren?

Con el tiempo, comienzas a identificar rasgos físicos y de personalidad en ti. Los vas conociendo, fortaleciendo, reduciendo o incluso eliminando. Llegado a los 22 años, encuentro características en mí dignas de una admiración propia, pero mi cuerpo no termina de ser todo lo que quisiera que fuese.

“Cachetes, barriga, estatura, tres malditos pelos en el espacio entre ambas cejas. Mi imagen no me convence, no me encanta. ¡Odio mi cuerpo!”, repito frente al espejo cada dos o tres días.  A veces más, a veces menos. Hay días donde mi reflejo satisface mi arrogancia y me deja vivir la fantasía de ser un hombre dentro de los cánones estéticos de mi comunidad. Horas después, regreso a mi cruel realidad.

¿Te ha pasado?, ¿te sientes feliz con tu cuerpo?, ¿tu rostro tiene las facciones que quisieras tener?, ¿tu piel es del color de tus sueños? Responde para tus adentros. Espero realmente no pases por momentos como los míos.

Hace un año, en el mes de noviembre La Encuesta Nacional de Salud y Nutrición de México declaró que el número de casos con bulimia o anorexia en México había aumentado en un 300%.  Las personas encuestadas afirman haber mantenido ayunos de hasta 12 horas o más por temor  engordar.

 

Por otro lado, el Instituto Mexicano del Seguro Social publicó en 2016 un estudio sobre la vigorexia, es decir, un trastorno corporal  en donde el afectado requiere aumentar su masa muscular de forma poco saludable para sentirse bien consigo mismo. Es un enfermedad casi exclusiva de hombres y se presenta en personas de entre 17 hasta los 39 años de edad y la sufren 1 de cada 15 varones.

La lista de conflictos con la percepción corporal continúa y las estadísticas aumentan, pero esos fríos números son comprensibles hasta el momento en que te paras frente al espejo y desmenuzas tus incontables defectos mientras acuchillas tu autoestima una y otra vez.

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No nací odiando mi cuerpo, es más, en mi infancia mi familia me apodaba gordito. Todo el tiempo se referían a mí de ese modo. No me molestaba, era con cariño.

Mis recuerdos me ubican en cuarto año de primaria, por primera vez la palabra gordo dio en el blanco, directo al corazón.

En clase de educación física un chiquillo mal encarado me acusaba una y otra vez de ser un gordo incapaz de saltar una cuerda elevada a mitad del patio. Tenía razón, era torpe y poco habilidoso para lograrlo, pero en mi cabeza, todo era culpa de mi cuerpo, de mi maldito y obeso cuerpo.

La secundaria fue todavía más horrible. Ser gordo en una escuela pública como la mía era lo peor. Luego súmale mi sexualidad. ¡Oh dios, no sólo soy gordo, soy joto! Realmente no me detendré mucho por aquí, es una etapa de mi vida muy poco agradable. Rescato lo esencial.

La preparatoria fue un manantial de libertad y descubrimiento. Mi sexualidad ya no era un problema, mi cuerpo había cambiado gracias a un poco de actividad física provocada por mi papel como niño de escolta en mi plantel anterior. Mi cabello creció y todo parecía ser bueno, bonito, y sobre todo ¡menos gordo!

Acabó la preparatoria, mis tórridos romances me habían dejado satisfecho, digo, siempre viví con el fantasma de ser el chico menos atractivo de la relación, pero no era algo que me quitara el sueño. Llegó mi cita con la mayoría de edad, la vida nocturna me esperaba, nada podía salir mal.

Me equivocaba. Mis hormonas querían atención, buscaban compañía y un poco de calor. Tontamente, quería encontrarlo en cada antro y bar de la ciudad al que asistí. Mis intentos fueron en vano. Nadie miraba a mi dirección, nadie me hablaba, nadie. Incluso en una ocasión me puse a llorar en medio de un antrucho del centro de la CDMX, todo por un jovencito medianamente atractivo, quien entablaba una interesante conversación conmigo, hasta que otro chico (obviamente delgado) llegó a la mesa de junto. Les tomo diez pinches minutos para pasar a los besos. Infelices.

En resumen, me odio, me odiaba. La universidad, mis amigos, mi familia, mi vida amorosa y en general todo se colocaron en sitios cómodos y seguros. Llegó a mí el drag. Dios sabe cuánto agradezco su presencia. La diversidad de cuerpos dentro de esta comunidad abrió mis ojos a un sinfín de pensamientos e ideas nuevas. Descubrí que mi cuerpo no estaba mal hecho, ni mucho menos que era feo. Era diferente, y diferente es cool.

Justo en este momento de mi vida, el vogue vino a fortalecer la percepción sobre mí mismo. Este estilo de baile me ha retado, me ha sacudido, incluso me ha torturado hasta límites desconocidos. Pero, también me empodera, me valida, me reafirma, me deconstruye y me llena. Encontré en él un sitio seguro donde el cuerpo que tengo es hermoso, y si lo estoy ejercitando no es porque sea feo, sino por que merece cuidado y desarrollo.

Luego de mi experiencia, no recomiendo ejercicio ni dieta para quererte a ti mismo. Lo recomendaría por tu salud, pero ese no es el tema. Recomiendo sonreír. Te pido que no te rindas, pues el mundo es cruel y dicta normas sobre el deber ser de todos. Las personas, las marcas, los medios de comunicación quieren ver cuerpos esculturales, blancos, tradicionales y sobre todo, iguales a sus propuestas.

No seas un cliché, no seas un clon, no seas lo que ellos quieren.

Probablemente nunca estaremos contentos al 100% con nuestros cuerpos. Quizá tengas un abdomen de nervios pero creas que tu nariz es enorme, tal vez tengas un cabello hermoso pero no es tan lacio o rizado como quisieras. Siempre habrá esos pequeños detalles, siempre existirá la búsqueda de la aceptación propia, y por supuesto, de la de otros. Con todo y eso, puedo asegurar que encontrar la hermosura en tu cuerpo diverso es la clave para una autoestima y vida sanas.

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