A unas horas de que el Senado Argentino se pronuncie acerca de este tema, el mundo y en especial América Latina guardan la respiración ante tal suceso.

Para poder entender la magnitud de ello, hagamos un análisis de lo que significa la lucha por el derecho de la mujer a decidir por sobre su cuerpo:

En el 2005, el movimiento de mujeres en la Argentina lanzó la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito (CNDALSyG), cuyo pilar esencial es la libertad y la autonomía para decidir sobre el propio cuerpo. Desde ese entonces, la Campaña presentó 6 veces el proyecto en el Congreso y ahora, año 2018, viene la séptima.

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La consigna de la Campaña es clara y precisa: Educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir. El reclamo por la despenalización del aborto es parte de un proyecto integral que tiene como primera instancia el cumplimiento de la Ley de Educación Sexual Integral que supone la implementación de políticas públicas en todo el sistema educativo para difundir una educación sexual consciente  y responsable que implique la libertad de decisión. Esto viene de la mano del reclamo al acceso a la salud pública gratuita, por ende, de anticonceptivos gratis.

Dado el caso en el que no funcionen previamente la educación sexual o la prevención y se deba acudir a un aborto, el Estado debería hacerse responsable y garantizar a la persona la interrupción de su embarazo de manera legal, segura y gratuita sin que corra riesgo su vida.

Que el aborto no sea legal da lugar a prácticas diferenciadas según las condiciones socio-económicas de las mujeres. Sin duda, como en tantos casos, se penaliza la pobreza. Como es sabido quienes corren mayor riesgo al realizarse un aborto clandestino son las mujeres pobres, de clases bajas. La mujer con condiciones socio-económicas favorables puede realizarse un aborto de la manera más discreta y cuidada posible y sin correr riesgos. La mujer que no cuenta con esas comodidades es penalizada o muere.

Ignorar el reclamo por los derechos a la educación sexual y a la salud pública deja en el centro de la escena al aborto como acto aislado, lo cual permite muchas veces que se lo confunda o se lo interprete como  un hecho deseado. No se está “a favor del aborto”, se está a favor de que se despenalice una práctica que, guste o no, existe y va a seguir existiendo. La lucha por la legalización del aborto no apunta a que haya más abortos, ya que nadie quiere abortar por abortar. Apunta, en realidad, a garantizar el acceso universal a los servicios públicos de salud y educación y, llegado el caso, a que no se mueran chicas por hacer libre uso de su derecho de libertad y autonomía de elegir sobre su cuerpo.

El aborto legal es una deuda de la democracia.

Escrito por Luis Machuca

Nacido en Korriban. Criado en Westeros. Exiliado en Metrópolis.

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