Estoy dispuesto a entrar a la boca del lobo para poder expresar otras formas de pensar respecto a un tema que ha estado agarrando muchísimo revuelo.

Ya sea que apoyes o reniegues del “lenguaje inclusivo” debemos siempre apegarnos al debate civilizado y al intercambio respetuoso de opiniones, ideas y propuestas. El presente escrito no es una critica a la inclusión, al contrario, pretendo explicar y darle voz a aquellas ideas que son contrastantes y al final, con algo de suerte, mediar entre dos puntos de vista a punto de estallar.

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Estoy de acuerdo en que diversos sectores de la población se sienten a menudo encorsetados por las limitaciones de una lengua que, como todas las del mundo, los han mantenido relegados a segundo plano durante siglos. Aunque es conveniente recordar que el habla es un mecanismo social vivo y cambiante, pero también forjado a lo largo de esos siglos; y que las academias lo que hacen es registrar el uso que en cada época hacen los hablantes y orientar sobre las reglas necesarias para comunicarse con exactitud y limpieza, así como para entender lo que se lee y se dice, tanto si ha sido dicho o escrito ahora como hace trescientos o quinientos años.

Por eso los diccionarios son una especie de registros notariales de los idiomas y sus usos. Forzar esos delicados mecanismos, pretender cambiar de golpe lo que a veces lleva centurias sedimentándose en la lengua, no es posible de un día para otro, haciéndolo por simple decreto como algunos pretenden y a veces, incluso con la mejor voluntad, hasta resulta imposible.

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En relación con lo dicho anteriormente, cabe precisar algunos de los ya mencionados mecanismos que posee la lengua:

  • El género neutro en español no existe como tal, sino que, según la Nueva gramática es “el exponente de una clase gramatical de palabras que designan ciertas nociones abstractas”, ya que, como afirma Bonifacio Rodríguez Díez (2005): “El neutro deja de ser el género inanimado para pasar a expresar las nociones de abstracto o continuo”
  • El género gramatical no indica el sexo estrictamente, sino que, como se ha anticipado, sirve para establecer la concordancia. En la oración La epidemia ocasionó seis víctimas; todas eran varones, las seis víctimas son de sexo varonil, pero aparecen en género gramatical femenino.
  • El género gramatical masculino posee ciertos usos especiales aparte de ser el género utilizado para hacer referencia a grupos mixtos de personas o a una persona cuyo sexo se desconoce. Es también el género que establece la concordancia por defecto. Por ejemplo: desayunar fruta es bueno para la salud. La oración desayunar fruta funciona como sujeto y su atributo va siempre en masculino. No podría ser en ningún caso desayunar fruta es buena.

Por tanto, el sexismo solo alcanza el nivel léxico de la lengua, pero nunca el gramatical, nunca a su estructura en sí.

Cabe mencionar aquí a Álvaro García Meseguer, que se encargó de analizar el fenómeno del sexismo lingüístico en dos de sus obras. Según García Meseguer (2002), existen tres agentes potencialmente responsables del sexismo lingüístico: el hablante y su contexto mental, el oyente y su contexto mental y la lengua como sistema. En su artículo justifica por qué en el español solo existen el sexismo del hablante y del oyente.

Quédense pendientes de próximas entradas al blog, iremos desmenuzando por partes este polémico tema.

Dejen abajo sus comentarios u opiniones, los leemos todos.

 

Imagen: Internet

Escrito por Luis Machuca

Nacido en Korriban. Criado en Westeros. Exiliado en Metrópolis.

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