Opinión

#ConversacionesRobadas: Cura para el alcoholismo

Paco descubrió una inusual cura para su alcoholismo, luego de una noche en los brazos de una rubia.

Cuando Mago conoció a Paco, jamás se imagino que este peculiar ejemplar de macho mexicano, fuera a ser con quien compartiría los más importantes años de su vida, y mucho menos se esperaba que a sus quince este fuera a ser el progenitor de su inesperado primogénito Paquito, especialmente cuando toda su familia se oponía a esta unión debido al conocido gusto de Paco por la bebida, aunque esto no fue impedimento para que la boda se celebrara con mariachi pastel y toda la cosa. La mama de Mago que siempre se mostró como la principal opositora de esta unión, termino cediendo ante la inminente llegada de “deseado” nietecito, aún así no dio la autorización si no hasta que Mago llevó a Paco a la villita a jurar su abstinencia temporal de el alcohol.

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Los primeros dos meses Paco demostró ser un padre ejemplar: pasaba el día entero en el taller mecánico de su padre en el cual trabajaba hasta tarde o al menos eso era lo que Mago se resistía a cuestionar.

Una noche mientras Mago esperaba a que Paco volviera del trabajo, sentada en el sillón de la sala más próximo a la puerta, escrupulosamente arreglada y perfumada, con la casa impecable y la sexy sonrisa de la esposa modelo, en su mirada se cruzo el práctico frigorífico de menos de un metro de alto que se encontraba entre la sala y la cocina como símbolo de la promesa que Paco llevaba repitiendo hacia varias semanas atrás: “ésta quincena si estrenas refri, chaparra”, por un momento un inexplicable sentimiento de ira hizo presa de su mente, si lo que Paco ganaba no fuera destinado a mantener su costoso vicio tal vez ella y Paquito podrían tener un bonito refrigerador de metro y medio como cualquier familia normal, así que se armo de valor, esta sería su última oportunidad para luchar por una vida digna con refri nuevo, no pasaron ni dos minutos cuando el ruido de algo que golpeaba la puerta de aluminio y la estrujaba desesperado hizo saltar a Mago que ya tenia bien ensayado el discurso, sin dudarlo abrió la puerta, para variar era Paco, al verlo con los ojos rojos y tambaleante no dudo en desahogar su ira en un sorprendente despliegue de adjetivos altisonantes en contra de su confundido esposo, quien estuvo a punto de responder a la agresión pero hubo algo que lo hizo detenerse  la sorprendida y despampanante rubia que curiosa miraba la escena desde el final del callejón y que al verse sorprendida por Mago fingió apenada no haber visto nada aún.

Iracunda, Mago cerro la puerta en las narices de Paco, que a pesar de su deplorable estado no dejaba de mirar a la misteriosa rubia que después de dar el ultimo golpe a su cigarro delicadamente dejo caer la colilla al suelo y la piso para cerciorarse de que estuviera apagada y comenzó a caminar al bar que estaba cruzando la avenida del cual Paco era cliente desde sus diecisiete.

A pesar de que la rubia apresuraba los pasos, ella y Paco atravesaron la puerta del bar casi al mismo tiempo y por un momento un sentimiento de sorpresa que después fue convirtiéndose en presunción invadió la mente de él al ver las miradas atónitas de los presentes al que no podían creer la escena de Paco en compañía de tan escultural dama. Él se aproximo a la barra, ella se sentó a su lado. El juego de miradas duró poco, pronto ella se hizo de palabras y entablaron una trivial conversación de cantina que terminó en propuesta y mas tarde en sorpresa.

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Más tardaron en salir del bar que en llegar a la puerta del motel que estaba a un par de cuadras. Paco tambaleando sacó de la bolsa trasera de su pantalón su billetera y pagó a la recepcionista con un billete de quinientos pesos con la intención de impresionar a su reciente conquista, subieron rápidamente as escaleras, Paco abrió la puerta dejó que la chica pasara primero, como todo un caballero, se aseguró de que la puerta estuviera bien cerrada y se dejó caer sobre el colchón de la cama. Mientras la chica lo despojaba de su ropa, se repetía a sí mismo “éste es mi día de suerte”, felicidad que por cierto no duro más de tres minutos. La chica se montó en el con todo y tacones, y volvió a bajar como si nada hubiera pasado. Una vez terminado el trabajo, Paco se enrolló en las sabanas de la cama intentando prolongar el momento de felicidad ofrecido por la hermosa chica que había dejado regadas por la cama media docena de largas uñas rojas, lo que parecía ser una pestaña y pelo como si un gato hubiera dormido ahí, esto pareció no importarle a Paco, “ninguna mujer es cien por ciento autentica pensó”, y se giro hacia donde la chica se encontraba de espaldas poniéndose a toda prisa nuevamente  el entallado vestido de licra color rojo. Paco, extrañado por la urgencia de la chica por abandonar el lugar y pensando en la posibilidad de un segundo round perverso, le prodigó una tosca caricia en la entrepierna, el gesto en su rostro no dejó en claro el motivo de su sorpresa, si lo que descubrió oculto entre aquel par de piernas bien formadas o la grave y gutural voz que reclamaba los honorarios correspondientes al servicio prestado.

Esa noche Paco regresó a casa, se quitó los zapatos y entró a la cama, no dijo una sola palabra. Al día siguiente las oraciones de Mago fueron escuchadas: el alcoholismo de Paco, estaba curado.

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